Estamos en el salón, ella corrigiendo, y yo leyendo; la tele, de fondo, con el volumen al mínimo. Comienza First Dates, dejo el libro en la mesa y le digo: "Dale voz, que nos redimamos de nuestras miserias emocionales".
Anoche hablaba con mi hijo mayor sobre los dos últimos acontecimientos artísticoculturales a los que he asistido y que aún me rondan por la memoria, a saber: la última de Joaquín Phoenix, con Todd Phillips al volante, Joker: Folie à Deux , y lo último de Manuel Vilas, El mejor libro del mundo . Cuando recibí su llamada (lo estaba esperando, pues es su hora de llamarme, y ayer tocaba), tenía entre manos la Historia Oxford de Grecia y el mundo helenístico . Estaba tan cansado (era a última hora de la tarde, ya oscurecido) que cogí el teléfono con amor de padre, pero sin espíritu. No obstante, solo tuvieron que pasar un par de minutos para que recobrara el ánimo y empezaran a fluir las ideas y las palabras, todo lo que quería decirle y que había quedado sepultado bajo toneladas de agotamiento físico y mental. Hubo tiempo para hablar de Yugoslavia y su trágico desenlace, y de China, concretamente de Foxconn, la empresa que, según se describ...
¡Increíble! No recuerdo, viendo una película, haber sentido un escalofrío tan intenso como el el que he sentido en un momento de la trama de “Ángeles y forajidos”, dirigida por J. T. Mollner, a quien no conocía, pero de quien en adelante investigaré su trabajo. Esto sí es cine de altura, independientemente de si se es o no aficionado al género wéstern. Una cinta de suspense respaldada por un sólido y sórdido entramado psicológico, que mantiene el suspense hasta el último segundo. Jesús de la Palma
Hoy, como ayer, tampoco he merendado. Un plátano. Pero es que comerse un plátano después de las siete no es merendar. Se merienda entre seis y seis y media; siete, a lo sumo, café y media tostada de lo que sea, o una torta de Inés Rosales. He pasado media vida merendando fuera, es un ritual que le ha venido dando sentido a mi existencia durante todo este tiempo. Con mi padre he ido a merendar la mayoría de las veces. He llegado a estar con un amigo y al llegar la hora de merendar salir pitando a donde estuviera mi padre, recogerlo e ir a la cafetería. Los momentos de mayor regocijo y serenidad los recuerdo en una cafetería, solo o con mi padre, con mis hijos o con mi esposa. Las cafeterías son para mí poco menos que un lugar de culto. Hoy he ido a la jazzística a primera hora de la tarde, poco después de comer; he tomado solo café, y después, al parque, donde he avistado a una bebé de más o menos los mismos meses que el mío, y allí que me he plantado. M. A. se ha vuelto loco con la beb...
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